No
voy a intentar definir el fenómeno. Evidentemente es algo más viejo que
el betún. En los viejos años 80 y 90 todos nos hacíamos las piezas que
perdíamos o que habían quedado terriblemente dañadas por la fanta
naranja o el simpático perro de JB. Algunos periódicos (El País y ABC)
publicaron juegos encartados (o algo parecido) y acabamos pegando las
endebles fichas sobre cartulina o haciendo otras nuevas. Muchos nos
animamos a hacer nuestros jueguecillos, en unos tiempos en los que hacer
una hoja hexagonada era un reto y los factores de las fichas tenían que
ser escritos a mano alzada.
En jornadas y reuniones nos montábamos nuestros macrojuegos pintando los tableros con pinturas pastel y marcando las fronteras con rotuladores.
Pero...pronto llegaron cosas que cambiaron totalmente el panorama. Llegaron los ordenadores a casa y con ellos las herramientas de diseño gráfico y edición. También acabaron por llegar las impresoras decentes y los escáneres. Un mundo nuevo se abría.
Lo mejor es que la cosa no quedó ahí. Pronto llegó internet y la banda ancha y luego la web 2.0.
En jornadas y reuniones nos montábamos nuestros macrojuegos pintando los tableros con pinturas pastel y marcando las fronteras con rotuladores.
Pero...pronto llegaron cosas que cambiaron totalmente el panorama. Llegaron los ordenadores a casa y con ellos las herramientas de diseño gráfico y edición. También acabaron por llegar las impresoras decentes y los escáneres. Un mundo nuevo se abría.
Lo mejor es que la cosa no quedó ahí. Pronto llegó internet y la banda ancha y luego la web 2.0.
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